Pasé gran parte de mi vida luchando contra un sentimiento que no sabía como llamar, y hoy gracias a pequeñas vivencias le pude poner un nombre: sentimiento de inferioridad.

Durante mi secundaria y prepa en una escuela católica me enseñaron muchas cosas acerca de mi cultura, me enseñaron que el mexicano es familia, es obediencia, el mexicano es un corrupto y a la vez íntegro, el mexicano es seguro, es traición y lealtad, crimen y amor, el mexicano es producto del mestizaje, es orgulloso heredero de la tradición azteca, pero algo que no me dijeron con palabras textuales y yo tuve que ir aprendiendo sin querer fue que en pleno siglo XXI, desgraciadamente el mexicano sigue siendo la abnegación de sus mujeres.

Dice Samuel Ramos que el sobrevivir a la Independencia, la impreparación a la vida política, la oscilación entre la anarquía y la dictadura, la pérdida de una parte considerable de su territorio, la lucha de partidos, el imperio de Maximiliano, las frecuentes guerras civiles y el orden porfiriano, son solo algunos de los eventos que hoy, hacen al mexicano ser lo que es.

Pero creo yo, que tanta lucha ha sido en vano si al final del día la más importante sigue aún sin terminar:

la igualdad entre el mexicano y la mexicana. Juana Armanda Alegria argumenta que el mexicano a través de los años le ha dado la solución perfecta a sus problemas y ha encontrado sin mucho esfuerzo el remedio a sus preocupaciones: la mexicana.

Aquella que sabe soportar con resignación las adversidades de la vida, la que no protesta, la que nunca se rebela ni exige, la que se olvida de sí misma a favor de los intereses de otros, la que se nulifica; esa que está  al servicio de los hombres y con quién ellos cuentan incondicionalmente. La madre de todos los mexicanos, su mayor fuente de protección y bondad.

En mi escuela me dijeron que estaba prohibido hacer trabajos en el piso porque al estar sentadas, la falda del uniforme se levantaba y podría distraer a los hombres; me dijeron también que en invierno la única opción que tenía para cubrirme del frío era usar mayas (que no servían para nada) o usar pantalones de vestir, pero de ninguna manera pantalones “pegaditos” porque marcaban más la figura de la mujer, y una vez más, los hombres se podían distraer. Intenté hablar con una maestra y expresarle mi pensamiento, pero fue sin sentido ya que ella me dijo que esas decisiones las tomaban para cuidar de las mujeres y que no hubiera faltas de respeto. Y hoy le agradezco a esa maestra porque gracias a ella me di cuenta que necesitaba el feminismo en mi vida. ¡Qué idea esa de creer que uno es más que otro!

¿Quién dice que estoy al servicio de un hombre y que si no sé agarrar un trapeador no sirvo?

Hoy a mis 20 años, estoy segura que la mujer que quiero ser no se parece en absoluto a esa que describen Juana o mi maestra, y tampoco quiero que esa sea la realidad de mis hermanas, ni de mis amigas, ni de mis primas, ni de mis vecinas, ni de la mujer que está sentada a lado de mi en clase, y te aseguro, tampoco quiero que sea la tuya. Quiero que el mexicano se quité esa idea que lleva cargando desde hace tantos años de que la mujer cumple únicamente un rol; quiero que la gente entienda que estudio psicología porque me apasiona y no lo hago “mientras me caso”, quiero que tú llegues a ser CEO de cualquier empresa que te imagines y puedas ganar lo mismo que un hombre porque se han preparado de la misma manera, quiero que viajes por todo el mundo y conozcas tantos lugares como quieras porque eso es lo que te mueve, quiero que cortes tu cabello de la manera que más te guste y te vistas de la manera que te haga sentir mejor, quiero que hables en clase y que tus opiniones acerca de política y economía sean tomadas en cuenta; y si sientes que tu vocación es quedarte en casa y cuidar de tus hijos, quiero que lo puedas hacer sin miedo a ser juzgada.

Hoy, me declaro feminista y creo que tú también deberías serlo, no quiero que la mujer sea más que el hombre, entiendo que hay roles que tienen que ser jugados por él y otros por ella, pues psicológica y biológicamente somos diferentes, sólo quiero que tengamos las mismas oportunidades de ser escuchados, de divertirnos, de ganar un sueldo justo, de cuidar a los hijos, etc.

La mujer debería ser tan libre de sentir, pensar y actuar como lo hace el hombre. Quiero estar segura de que mi palabra y mi opinión valen, y quiero que tú también estés segura de eso. Quiero saberme guapa sin seguir estereotipos baratos de belleza, y quiero que tú también te sientas así. Quiero estudiar lo que más me gusta sin escuchar comentarios de que mi carrera es para mantenidas, y tampoco quiero que tú los escuches. Quiero tener cinco hijos, o tal vez no tener ninguno, y no ser juzgada por mi decisión, y tampoco quiero que tú lo seas. Quiero dejar de escuchar que mi ropa es una distracción para los hombres, y tampoco quiero que tú lo escuches.

Hoy creo que es necesario que hombres y mujeres nos demos cuenta que el término feminismo se utiliza para buscar la igualdad de género y no la superioridad de la mujer. Hoy quiero aclarar que soy feminista y no soy parte de movimientos como “free the nipple”, que sí me depilo las axilas y las piernas (no estoy en contra de las mujeres que no lo hacen), y que mi lucha es muy diferente a esas; que creo en la educación y creo que es ésta la que al final nos dará a todos oportunidades por igual, por las cuales seguiré luchando y espero tú también lo hagas. Y por último me quedo con unas palabras de Simone de Beauvoir que me gustaría compartir:

“El opresor no sería tan fuerte si no tuviese cómplices entre los propios oprimidos”.

Mayela Medrano.

Redum

Deja un comentario

WordPress Security